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The Desert has a voice.

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In agony, the desert waits impatient for us to arrive. “You’re late” he says, but we’re never late, we’re always on time, right before the violet sunset, right before the rain.

Believe it or not, the desert has a voice and it sounds just like yours; when in hazy nights I call out your name as I write fictitious characters to avoid these feelings of loneliness.

Drawing clouds in the horizon, I’ll wait for your return. Then, we’ll watch the violet sunset. Then, we’ll dance under the rain, dissolving every road for us never to depart.

—DA20140513

The Clock Maker

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To an absent one, on his birthday.

The bells toll for those
who awaken surrender
willfully to death.

   Confusing the chime
   with the eternal wisdom
   of Mysticism.

Deep in seclusion
all secrets reveal in time
frightening the weak.

     While windows open
     fading enigmas away
     from humanity.

The void of darkness
devours all the ignorance
that weakens their life.

     Since dreams are woven
     with stitches of exhaustion
     that unify pain.

No gear can enclose
Precision and perfection
without trading love.

     For purity knows
     that treasures of persistence
     ripen afore time.

—DA20150906

Antorchas

Antorchas

   Bebía para escribir y gracias a las palabras logró sobrevivir. Cuando nos conocimos hablaba muy poco, y cuando lo hacía, era para consolarse ella misma repitiendo sin cesar que “la tercera era la vencida”.

    No me explicó nada, pero por lo que leí, entendí que fue en su cama (“su templo” como escribía en su prosa sin fechas) que vio el final luego de encontrar a aquel petimetre desconocido cogiéndose a su marido.

   “No me vuelvo a enamorar,” brindó esa noche mientras el ardiente rojo del pinta labios se disolvía en el borde de aquel vaso de cristal astillado como su corazón, el cual, trago tras trago, reparaba con una costura invisible de resentimiento.
    Sin aviso, la luz en sus ojos se extinguió. Se encerraron en misterio así como unos smoky-eyes carentes de sensualidad. Poco a poco las palabras menguaron también. De ella, solo quedó el frío silencio, resultado de aquel dolor que, como tepezcuintle, arrastró en un luto desproporcionado, extinguiendo la antorcha del amor.

   Nunca la vi acompañada. Venía y se sentaba con su cajetilla roja de cigarros y—
    “Bien frías,” decía con su voz carrasposa al pedir las acostumbradas cervezas.
    Día a día vi su rostro arrugarse como una servilleta mojada, de esas que usaba como posavasos. En el cenicero, se acongojaban en cenizas todas esas lágrimas que nunca derramó.

   Era su tercer—
    “Amor. Eso fue, amor en saco roto,” interrumpió el silencio un día, dejando el vaso vacío sobre la mesa. “Una babosada eso de amar. Si, me enamoré de muchos pero a pocos… amé a muy pocos” dijo extendiendo un papel médico en lugar de la lista de amantes que, supongo, intentaba mostrarme.
    “¿Se enamoró del doctor Roberto?” traté de disimular al leer la mala noticia.
    Abrió sus ojos ahumados y, antes que el asombro, ví una mezcla de vergüenza y culpabilidad. De un tajo me arrebató el papel con sus manos huesudas y temblorosas.
    “¿Qué?” avivaron como antorchas los ojos furiosos, “¿Vos también me vas a decir que deje de fumar?”
    “Cada quién hace lo que tiene que hacer, niña—. Cada quién…” respondí recogiendo el vaso vacío, el mismo astillado, esta vez sin marcas de labios. “¿Le sirvo otra igual?”
    “Si” dijo agachando la mirada, confirmando la gravedad de la enfermedad.

    Desapareció por mucho tiempo y después de veintidós meses me llamó.

   “Por fin me lo sacaron, Estela. El resentimiento pues,” me confesó al borde de la cama del hospital luego que la anestesia y una mastectomía le salvaran la vida. “Eso sí, me dejaron expuesto de por vida el corazón”.
   Y mostrándome la cicatriz al lado izquierdo sobre el pecho, lloró.

—DA20150825

Abuelos

Abuelos

Se preguntó porqué continuaba pronunciando aquel nombre tan desagradable, quebrando la serenidad de la habitación. Porqué, contra toda evidencia, seguía negando que las cosas pasaban, no como él las imaginaba, sino más bien como una realidad de la cual él no era ni participe ni dueño.

—Una cosa es tener problemas, de esos que ahora llaman psicológicos—sonrió—y otra muy distinta es ser un hijueputa masoquista latigándose con recuerdos. 

Tomó su sombrero y resuelto a ahogarlos en alcohol, abrió la puerta. El ardiente resplandor de la calle empedrada le obligó a sentarse y pensar, de peor o mejor forma, en lo que debía hacer, no en lo que quería hacer. Ya le estaba saliendo demasiado caro eso de correr tras sus deseos, como esa vez que corrió detrás de Francisca rogándole por cuarta vez que no se fuera, o cuando Esteban casi le quebraba las costillas en aquel pleito de bar, o cuando Juanito “el Chichipapate” Valencia le prohibió la entrada a la única taberna del pueblo; y era precisamente esa censura, esa castración, como él lo llamaba, lo que le flagelaba: el actuar equivocadamente en impulsos o el quedarse quieto y dejarse llevar por la procesión, tal cual santo de pueblo.
Fue esa misma indecisión lo que le llevó a convertirse en escritor.
—Es que cuando no se puede vivir con la consciencia tranquila, se escriben historias—, le resonó el sarcasmo en palabras y como pudo, entre histerias, mentiras, anotaciones y verborreas, de esas que ahora reseñan como literarias, vivió escribiendo libros.

Hizo una vida escribiendo todas esas cosas que tanto deseó cambiar. Escribió mintiendo con todas esas palabras que conocía y desconocía. Mintió tan bien, que incluso para él, todos esos personajes realmente existieron en carne y hueso, y él, tan humilde, se limitaba únicamente en repetir las susodichas verdades.
 Fue ese proceso de mentitura, —una mezcla de mentiras y escrituralo que le salvó de esa locura que sufren los indecisos. No ganó ni un cinco de aquellas letras, únicamente se propinó el odio de Catalina, su única hija de quien se olvidó por completo y quien, luego de que aquel nombre tan desagradable los abandonara, no hiciera más que soñar que un día se alejaría para siempre de tan extraño ser humano para irse a la ciudad, aprender las tan famosas matemáticas y construir edificios donde gente real pudiera vivir de verdad.

***

Veinticinco años después, recibiría la queja de la Profe Esmeralda, pues resultó ser que Luciana, en vez de casos de factoreo, escribía poesía y en vez de resolver la edad de Pepito, quien era tres veces la edad de Juanita y cinco la edad de Pedrito, se proponía resolver historias.
—¡Es que las mates no me gustan!—chillaba.
—¡Igual que tu abuelo querés terminar vos!—gritaba desgarrándose vestiduras imaginarias, pues la madre nunca entendió de poesías, ni de historias, ni de letras, ni de padres —ahora abuelos— quienes sobrevivieron, gracias a las letras, la ausencia de amores que engañaban.

—DA20150819

Deudas

Deudas

A doña Marta, tan oportuna como era, se le ocurrió irse con la muerte tres días antes a la Epifanía de Reyes. Se fue tan de sorpresa, que la María, la araucana que ejercía como sirvienta, cocinera, escribana, jardinera y lavandera entre mil oficios más, se descosía de impaciencia al hilvanar una mortaja.

—Para que la Señora, que Dios la tenga en gloria, se presente decente al juicio celestial—repetía entre llanto y persignada, al mismo tiempo que redactaba un telegrama, confundiendo aguja por lápiz, tela por papel y lágrimas por palabras.

La noticia llegó a Esteban al día siguiente mientras recibía importantes honores en el Palacio Nacional. De mano del alcalde recibió el sórdido telegrama junto a la medalla que le premiaba, por tercera vez consecutiva, como “Cazador de Alforja del Año”.

—¡Siempre oportuna la vieja!—, masculló para sí mismo entre bocadillos de alfalfa, copas de vino tinto y efusivas condolencias. Se despidió con una mueca dolorosa, no por la difunta, sino porque allí dejaba a Claribel, la única presa que todavía no lograba cazar, a merced del zorro de Adrián.

Salió a media noche y ya para el amanecer se encontraba entre los vertiginosos acantilados que separaban a la ciudad del pueblo. Como rey sin anuncio, llegó el 6 de enero.

Treinta años llevaba ausente que al llegar nadie le reconoció. Nadie le rindió las tan ansiadas pleitesías y tampoco nadie le indicó dónde velaban a su madre; sin embargo, seguía siendo el pueblo tan pequeño que fue fácil dar con el tóxico incienso y la retahíla de rezos recitados al dedillo por los dolientes, los creyentes y los curiosos quienes, por primera vez, presenciaban un funeral.

Entró a la iglesia por la puerta lateral y se acercó al ataúd justo cuando la María levantaba la mirada hacia el Cristo que colgaba en las maderas del altar. Le hizo un gesto de silencio y le indicó salir. La María se ajustó el velo, se limpió las lágrimas y, sin darle la espalda al Cristo, salió a su encuentro. Su alegría momentánea desapareció tan pronto como Esteban le extendió un sobre blanco.

—Cinco mil pesos,—le escupió en palabras resentidas.
La María se descosió en llanto.
—¡Bah! No llores mujer,—repuso impaciente pero la María no hizo más que abrazarlo y avergonzarlo con sus lágrimas.

Era la primera vez que Esteban se dejaba abrazar y más que alivio, solamente encontró esos recuerdos que tanto deseaba olvidar: el padre borracho, la madre violenta, la soledad eterna en ese pueblo olvidado por Dios.
—Ya pues,—se sacudió a la María como quien se sacude un hormiguero, —Déjate de lloriqueos y toma este dinero que así es como amortizo, de una vez por todas, esta deuda que por tanto tiempo he cargado contigo.
La María le miró perpleja.
—Entiende María, que al morir tu patrona, conmigo nada tienes ya.
Y como pudo, le dejó el sobre entre las manos temblorosas, se ajustó el sombrero y se marchó de nuevo a la ciudad.

—DA20150812

OK Computer [cut-up exercise #5]

I’d tell all my friends but they’ll never believe that for a minute there, I lost myself in a town where folks make home movies and drill holes in themselves.

“Please could you stop the noise?” I ask “ I’m trying to get some rest,” but they’ll stop at nothing.
“This is what you get when you mess with us! When you shut the eyes of a local man who’s got the loneliest feeling,” these weird creatures speak out.
“Don’t get sentimental, idiot!” I cry out hysterical and…
“Why? Why don’t you remember? Why don’t you remember that I’ll be there either way you turn? I’ll be there! You know we’re friends ’til we die,” they shut me away on board their beautiful ship.
         “…Useless” I finally breathe.

In this town, the smell of the warm summer air is floating, bouncing back… hanging around like a bug in the ground. It’s just business. A comfortable cage. A pig on antibiotics. I’m no longer afraid of the dark or midday shadows. Up above, from a great high, the panic, the vomit, the unborn chicken voices in my head twitch and drivel on ends.

“It’s enough! This is my final fit, my final bellyache. I’m no longer climbing up the walls.” they speak for us. No one else would guess that these weird creatures lock up their spirits, that if you get too far inside you’ll only see a reflection, and when it comes, it’s so, so disappointing.

Of all these weird, uptight creatures, this one buzzes like a fridge. Comfortable. Productive. Fond but not in love. Self-employed, tied to a stick like a cat. By my name he called me, like a ghost. That’s when I see sparks at a thousand feet per second.

“Hey idiot! Slow down. Where the hell are we going scrolling up and down in this town? in this country lane?” I talk like a detuned radio. “You can open your skull, blow your mind, rely on your vote… but I know where you are with. Hit the alarm. Wake from your sleep!” I bark at no one else but me.

Late at night when I’m drinking, tired and unhappy, I feel my luck can change, that in everlasting peace I am born again somewhere in an interstellar burst; that we will meet one day at a better pace, slower and more calculated; that we will be standing on the edge to save the universe… to save the universe! It’s gonna be a glorious day! but I keep forgetting that I’ve given all I can. Next time, when I go forwards, i’m going to grow wings and if you go backwards, I’ll take a quiet life. No surprises.

Cut-up from songs of “OK Computer” by Radiohead.
DA20150326

“Cierres” [cut-up exercise #4]

writtenjourneys:

¡Hermoso todo lo que hizo el hombre! ¿Qué provecho tiene entender? He visto el trabajo de juntar piedras, de abrazar, de guardar, de abstenerse, de perder, de desechar… todo fue polvo al principio, pero lo que sucede es que he puesto eternidad para todo: para callar y hablar, para nacer y morir, para amar y aborrecer. En su tiempo, lo que ha de ser de aquello en que se afana en mi corazón no se añadirá ni se disminuirá. ¡Será perpetuo! pues en mi corazón, así mueren el hombre y la bestia. 

DA20150220


cut-up de “todo tiene su tiempo

Stupa Day at Kuchary. Do you believe in Miracles?

As we wake up and gather for an incredible gourmet breakfast at the Warsaw Center, we get excited to get on the bus and hit the road. Today we are driving to Kuchary. Many people on the tour have never seen a stupa and we feel so blessed that we are not seeing one but two!

We arrive and two small ponds receive us. To the left, the Stupa of Miracles shines and you can really feel the Buddha’s power field floating in this retreat space where many people worked to build over 25 years beginning back in the eighties. Upon arrival, we receive news from Colombia: today, some friends are on their way to sign the papers to buy Villa de Leyva land which will be a retreat center. The bus stops and we swiftly make our way to the Stupa of Miracles to make strong wishes for Villa de Leyva and all other Diamond Way projects worldwide.

We walk around the stupa for about 30 minutes, counting malas, taking refuge, making wishes altogether. After a short photo session, we all walk inside the main house where few friends are working happily in the kitchen preparing what seems to be lunch.

We get inside the gompa where Mishek starts telling the stories about the retreat center: Kuchary hosts two stupas, both blessed by Lopön Tsechu Rinpoche. The big stupa is the Stupa of Miracles, built and blessed by Rinpoche in 2002. It was the last one he inaugurated in this life.

The small stupa is the Enlightenment Stupa, built around 1990. There are a lot of facts about this place that makes it extremely special. Mishek tells us that Lama Ole encouraged them to buy the land and they didn’t want to because even though the land was cheap (US$400), repairs would be high, to which Lama Ole responded “well, if you don’t buy it, I will”.

The retreat center was completely rebuilt during the late 80s and early 90s. The work was extensive and included a lot of danish people in the process. They built the main house and they also built a small house, cottage-like for Rinpoche, who stated once that he would like to make a six month retreat.

We learn about their organization and working methods. From Gdańsk, Bartołty and now Kuchary we learn that polish really like to build their centers stone by stone, however, during this experience, they also have learned to delegate the physical work to companies and have perfected their fundraising activities, making up to 1 million euros annually.

For years, Kuchary was the place where East and West would connect, making different courses and retreats, the activity expanded and now, there are more places such as Karma Güen and the Europe Center. Kuchary’s retreat center has received every high Rinpoche from our lineage, except Situ Rinponche; Karmapa stayed at this place too. From all the stories told, one can really tell the strong connection Kuchary had with Lopön Tsechu Rinpoche, who blessed both stupas.

It’s lunch time and as always, we are surprised with such delicious food. Food, laughs, hugs and kisses seems to be the Polish welcome way. Every bite is bliss and the perfect time to strengthen the connection with this amazing friends.

After lunch, we walk to the small Nagaraja Cafe where a small photo slideshow takes place, showing all the construction work and activity since 1986. We get really inspired about all this joyful effort. One thing is for sure: Polish really make dharma happen.

It’s getting past 16:00 hours and we should head back to Warsaw, our Colombian friends come back from the last wishes round and they tell us that they’ve just seen black birds flying over them. Great news ahead: Villa de Leyva is ours!

We arrive to Warsaw, ready for more meditation and presentations.

The Adventurous Explorer.

I met Enea at a cafe in Miami Beach. He is Italian and he is 32 years old. He tells me he has been travelling for quite some time now, he smiles while he tells me about California, doubts about New York’s cold weather and because of his tanned skin, I can tell he definitely loves Miami Beach.

He is the silent type of person. The one who observes and enjoys the diversity around him. “You don’t see these kind of things back in Milano”—he says with perfect english and a slight Italian accent while staring at two wild latin girls. One wearing a leopard print dress, the other wears one hot-pants and a white halter top. Both wearing high heels ready to party at a local club. “Back home, everyone wears black”. “Funeral black? Or elegant black?” —I ask. “Elegant black”.

The next day we go to the beach. Being European, walking seems only natural to him. He dresses casual white shirt and jeans, flip-flops and a small backpack where he carries his laptop. “Let’s see what’s going on later” —he says opening Yelp! and looking for a place to party. “Of course, finding wi-fi is such a task in itself, I’ve learned all the wi-fi passwords in the area, so I can connect at anytime.” —he tells me while he shares the password when I try to connect my iPhone. Google Maps, Yelp! and TripAdvisor have been his best friends these days, without these tools, his traveling life would be just a little bit too difficult. Mine as well.

When I ask him, he says he would think of himself as an explorer. He says he likes to meet new places and people all the time. He tells me he is an entrepreneur, that meeting people and doing business is what he does best. Who knows. To me, he’s just another European guy having too much sun and fun.

I can tell he is not a luxury traveler. As with other travellers, money along with accommodation is one of his primary concerns, however he appreciates comfort for a reasonable price. “It’s a shitty hotel the one I’m staying at, but it’s only $35 a night, and literally, I just cross the street and I’m at the beach. You can’t beat that.” He says with satisfaction that he made a smart choice.

When he learns that I’m from Guatemala, his eyes open wide. “I know nothing from South America” —he realises. “It’s not South America. It’s Central America. There’s a difference, you know?” —I reply.

This is the first time he’s been to America, and of course he knows nothing form this side of the world. “How expensive is it?” —he asks. “It depends of what you call ‘expensive’” “Can I live with 50-70 dollars a day?” “Most likely you can. It depends. However, if you want to know, you’ll have to come.”