Rastros

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Despierto sobresaltado. Gotas de sudor se escurren por mi cabello. El corazón palpita estrepitósamente como si quisiera salir galopando de mi cuerpo. El día se oculta en un atardecer gris y la penumbra me envuelve. Me acuesto nuevamente en la cama vacía. Cierro los ojos tratando de calmar mi mente, dejando que la oscuridad lo inunde todo, cuando un susurro me sobresalta. Una voz susurra palabras que no entiendo. Trato de afinar el oído pero no logro descifrar lo que dice. Luego de un largo silencio lo entiendo. Si. Es su voz. No tendría que entender las palabras para saber que es ella quien me arrulla en susurros. Ella quien está siempre presente en suaves caricias. No. No es un sueño. Soy esclavo del recuerdo, de la permanencia involuntaria de sus besos, sus caricias, de su cuerpo intacto; de esos rastros invisibles arraigados en mi mente y en mi cuerpo que se magnifican en la penumbra infinita de los días mientras espero su regreso.

(via Rastros | Inspired on symbols)

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