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¿Por qué es tan difícil romper un hábito?

El universo no tiene reglas, tiene hábitos. Y los hábitos pueden cambiarse.

Tom Robbins

El reto de cada semana

Es lunes, otra vez.

Tomas tu agenda, o aplicación donde escribes tu lista de cosas por hacer… comienzas a enumerar esas cosas que debes comenzar, avanzar o terminar para la semana.

Suena una notificación en tu teléfono, lo tomas y varios minutos después (sino es que horas) te das cuenta del tiempo que ha pasado y de lo poco que has avanzado. Ves tu lista – incompleta – y decides archivarla.

Son tantas las cosas por hacer que lo mejor es fluir por cómo vayan surgiendo, o incluso, es mejor no verlas, porque ‘si no es visible, no existe’.

Y así, pasa una semana más.

Un mes más.

Un año más.

Un hábito más.


¿Por qué es tan difícil romper un hábito?

Romper hábitos es difícil porque no se trata únicamente de una acción o un comportamiento sino que se un sistema compuesto de 3 elementos:

  1. Un detonante (por ejemplo, sentirse estresado)
  2. Un comportamiento (navegar por Internet)
  3. Una recompensa (sentirse satisfecho).

Cada vez que refuerzas la recompensa, es más probable que repitas el comportamiento. La clave para romper este ciclo es ser más consciente de la ‘recompensa’ que refuerza el comportamiento.

Te comparto 4 pasos que puedes aplicar para cambiar  hábitos:

1. Descubre tus detonantes

Primero, descubre tus detonantes. Presta atención a las circunstancias que detonan el ‘mal hábito’. Por ejemplo, si el hábito es la procrastinación, pon atención ¿en qué momentos es que postergas las cosas? ¿tienes un gran proyecto que estás tratando de evitar? ¿tienes demasiado en tu plato?

2. Identifica los comportamientos

Luego, trata de identificar los comportamientos relacionados a ese detonante. Por ejemplo, ¿Qué haces cuando postergas las cosas? Sé específico. ¿Revisas las redes sociales en lugar de trabajar? ¿Asumes tareas sin importancia en lugar de lo que debería hacer?

3. Vincula las acciones con los resultados

Luego vincula la acción con el resultado. Pregúntate qué es lo que realmente obtienes al comportarte de esa forma. Por ejemplo, ¿qué obtienes al navegar por Internet viendo imágenes de lindos perritos en lugar de avanzar en tu proyecto? ¿qué tan gratificante es en este momento, especialmente cuando te das cuenta de que no te está ayudando a hacer tu trabajo?

Estos 3 pasos te ayudarán a tomar consciencia de ese ciclo en el que el hábito se desempeña. A través de preguntas puedes tangibilizar en qué contexto ocurre el hábito y qué estás obteniendo.

4. Reemplaza las recompensas por curiosidad

Ahora, para cambiar el hábito, te propongo que hagas un intercambio. ¿Qué pasa si reemplazas la recompensa por curiosidad?

Adoptar una actitud de curiosidad te ayuda a reconocer las sensaciones que sientes (aburrimiento, distracción) sin actuar sobre ellas. Al ser curioso te abres a la posibilidad de descubrir y probar cosas nuevas.

La recompensa es lo que motiva los comportamientos futuros, no el comportamiento en sí mismo.


Ser conscientes de nuestros comportamientos es un ejercicio diario y un proceso contínuo de autoconocimiento que nos permiten superar esos obstáculos que llamamos “malos hábitos”.

Finalmente, te propongo una herramienta llamada “Diario Reflexivo”.

Es una breve guía de preguntas con el propósito de evaluar mejor tus momentos, entender los detonadores, las acciones que tomaste y la recompensa obtenida. Puedes llevarlo diariamente o semanalmente.